¿Por qué decimos que el franquismo continúa inundando la sociedad española?

En esta publicación nos centraremos en la dimensión simbólica del postfranquismo, obviando que además de significados, mitos, normas, etc, también perduran en nuestra sociedad estructuras institucionales y figuras puramente fascistas en su sentido simbólico, práctico e histórico



El poder se sostiene no sólo mediante la coacción física, represiva y violenta de la población, sino que el poder también necesita para su supervivencia de un consenso moral y una dimensión simbólica; necesita de un discurso hegemónico que permita legitimar a través de símbolos, significados, normas y mitos históricos la coacción explicita y física que ejerce dicho poder.


En el franquismo este discurso de legitimación era un discurso católico, supremacista, y fascista que se estuvo reproduciendo durante 35 años de dictadura a través de la educación formal (colegios, universidades, programas culturales, museos…) y la educación no formal (televisión, radio, normas jurídicas, cultura popular…). Así millones de personas fueron educadas en estos valores, y, por tanto, muchas de ellas interiorizaron y aprehendieron, total o parcialmente los discursos y las normas culturales del franquismo.


De esta manera, aunque el poder en sí caiga, el discurso simbólico que este poder ha generado perdura y se reproduce mediante la simple socialización. Las normas y los significados no son solo impuestos coercitivamente mediante la violencia física, sino que también son impuestos y aprehendidos mediante la naturalización sistemática de determinadas normas y valores a través de la socialización. Es decir, aunque una sociedad no sea fascista en su totalidad, si gran parte de su sociedad continúa leyendo el mundo a través de significados y normas fascistas, podemos afirmar que esa sociedad es parcialmente fascista.


Obviamente estas normas y significados son dinámicas y pueden cambiar con el tiempo y con la imposición de otros valores y símbolos. Sin embargo, si no hay un ejercicio de deconstrucción social, sino hay un ejercicio consiente y explícito de “desfranquistizar” la forma en la que leemos el mundo muchas personas seguirán reproduciendo parcialmente el discurso franquista.


Dado que la transición y la posterior “democracia” hizo un ejercicio sorprendentemente vago de revisión y deconstrucción de los valores, las normas y los mitos franquista, muchos de estos significados continúan reproduciéndose. Incluso de forma explícita e institucional. Por ejemplo, muchos de los mitos históricos de lo que se sirvió el franquismo para legitimarse continúan enseñándose como realidad sin tener ninguna base historiográfica que los avale.


Otros ejemplos de cómo el franquismo, o el discurso franquista, se reproduce en la sociedad actual son:


  • la moral conservadora y católica que reproducen muchas instituciones privadas y numerosos cargos públicos.

  • la falta de reestructuración que hubo en el cuerpo militar y judicial. De esta manera, todavía hay muchos jueces que leen el mundo, aunque no sea de forma consiente, de una manera franquista.

  • la falta de restructuración fiscal que provoca que muchas empresas que se enriquecieron gracias al franquismo (mano de obra esclava, expropiaciones, concesiones…) continúen manejando el cotarro económico.

De esta manera y para evitar que los discursos franquistas se sigan reproduciendo, o incluso, empiecen a reproducirse a mayor escala, la sociedad debe revisarse y debe decir alto y claro que al fascismo no se le discute, sino que se le combate, con formación, y con acción.