Nueva Agresión Homofoba

El pasado 3 de diciembre Kevin Rubio, de 21 años, fue acuchillado al grito de «este maricón de mierda». El joven ovetense relata cómo después de recibir empujones y puñetazos un grupo de homófobos le rompían un vaso en la nuca para después hacerle un corte que bien podría haber acabado con su vida. Por estas heridas ha tenido que recibir puntos y grapas en la cabeza y la nuca.

Kevin comentaba en Twitter: «Es realmente triste que en pleno siglo XXI no puedas estar bailando y pasándolo bien tranquilamente con tus amigas y compañeras de trabajo. Es vergonzoso que en vez de seguir adelante la sociedad vaya retrocediendo y que estas cosas vayan en aumento»

Estos hechos, sumados a una larga lista de agresiones en los últimos meses, nos lleva a pensar en cómo hemos llegado a esta situación. Muchas personas pertenecientes al colectivo LGBTIQ+ denuncian que hay impunidad con estos crímenes, lo cual, es muy cierto viendo cual es el desenlace de los casos en los tribunales del Estado. Con Samuel cuestionaban si el móvil era la homofobia porque, argumentaban los jueces, que el haber sido llamado «maricón» podría ser simplemente un insulto, despojando así de todo significado la palabra, lo cual nos muestra el calado que sigue teniendo la homofobia.

El hecho de que «maricón» sea considerado como un adjetivo degradante que señala a una persona como inferior por buena parte de la sociedad, implica que una buena parte de la sociedad sigue pensando que dependiendo de la orientación sexual, una persona puede ser inferior a otra. Podemos extraer esta conclusión porque el lenguaje es definido por sus usuarios y es un reflejo del contexto social de los que lo usan.

Además, la narrativa empleada por diversos agentes políticos, enmarca cuales son y en que términos se producen los debates políticos. Modificando así el lenguaje usado y el abanico de ideas «razonables» a debatir1. Es mediante esta narrativa cómo se hacen aceptables ciertas ideas. Y, con el control de medios de comunicación, cómo se consigue manipular la ética dominante, moviendo los límites de lo aceptable se consigue que posturas como la homofobia se hagan validas.

Estos límites se fijan mediante el uso contante de palabras y la repetición de ideas, forzando a debatir sobre tópicos de forma pública y dando voz a ciertas reivindicaciones. Y esto es precisamente lo que ha ocurrido con Vox, que defendiendo a una moral judeo-cristiana, convenientemente afín a los valores capitalistas2, ha hecho que la lgbtiqfobia haya recobrado más valor en el ideario popular.

Apelando de la «vieja gloria» de una España tradicional y católica, Vox se presenta como defensor del pueblo español. En tiempos de dificultad señala chivos expiatorios como los inmigrantes, el colectivo LGBTIQ+, etc. y llama a una unidad «del pueblo» para así aglutinar a burguesía y proletariado, apartando así el foco de atención de la raíz del problema, la lucha de clases, y poniéndolo en estos colectivos. Es decir, usando tácticas populistas similares a las que usó Hitler para llegar al poder, pero esta vez con un discurso algo distinto.

Si bien Vox no es el actor principal en impulsar la lgbtiqfobia, es un portavoz y promotor de los grupos que trabajan activamente para lograr esta causa. Esto es así porque, para alcanzar un estatus reconocible en la sociedad, necesitaban de un aparato propagandístico y el consecuente capital necesario para poder mantenerlo. Y ahí, es donde entran en juego el Yunque, HazteOír3 y CitizenGo.

Estas organizaciones ultracatólicas que están detrás del nacimiento de Vox4, aportaron una cantidad ingente de recursos económicos para poner en marcha el partido político. De esta forma, la Iglesia se aseguró otra forma más de control de la sociedad a través de la presencia en el Estado. Pudiendo de esta forma impulsar legislaciones afines a sus creencias.

Apoyándose en el legado del franquismo y mediante una campaña de blanqueamiento del fascismo, los fascistas, ayudados por las enormes ayudas económicas proporcionadas por el capital, canalizadas a través de organizaciones vinculadas a la Iglesia, han adaptado su discurso al contexto actual. Las instituciones del Estado, de descendencia directa del franquismo, avaladas por la maquinaria estatal y respaldadas por unas fuerzas represoras, simplemente hacen que sea una realidad material estas ideas.

En conclusión, podemos ver cómo el contexto social actual está condicionado por la historia, una historia en la que la Iglesia tiene una larga tradición y es enseñada de forma parcial en las escuelas. Además, la realidad material que rodea a las personas moldea como se desarrolla este contexto social, el cual es caldo de cultivo para el resurgimiento de estas ideas que yacían tapadas, y no desterradas, de esta sociedad.

Así vemos como el Estado emplea sus instituciones, para moldear una moral dominante afín a la clase capitalista, adaptada al contexto social del momento, que luego se traduce en el uso de esas mismas instituciones para la represión del pueblo sin que se produzca un estallido social.

1 Además, la narrativa empleada por diversos agentes políticos, enmarca cuales son y en que términos se producen los debates políticos. Modificando así el lenguaje usado y el abanico de ideas «razonables» a debatir. Es mediante esta narrativa cómo se hacen aceptables ciertas ideas. Y, con el control de medios de comunicación, cómo se consigue manipular la ética dominante, moviendo los límites de lo aceptable se consigue que posturas como la homofobia se hagan validas.

Esta reflexión viene del concepto de la «Ventana de Overton», concepto desarrollado por Joseph Overton.

2 La ética de trabajo protestante se podría considerar como la base ética católica sobre la que luego se sustenta la cultura desarrollada durante el siglo XX tanto de trabajo como en otros aspectos de la vida y que da lugar a la cultura de trabajo que tanto defienden los «conservadores» y que a día de hoy predomina.

En «La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo», de Max Weber, se estudia esta relación en detalle.

3 HazteOír circuló un bus que ponía: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva», causando un aluvión mediático con el cual Ignacio Arsuaga Rato, presidente de HazteOír aparecía en «La Sexta Noche» a cambio de que no se hablara de «El Yunque».

4 En la investigaciones publicadas a raíz de la filtración de datos llamada «The Intolerance Network» (Red de la Intolerancia) en Wikileaks, podemos ver cómo estas organizaciones ultracatólicas han estado detrás del crecimiento de Vox y cómo se han ido infiltrando en instituciones para impulsar su agenda.