Los dos extremos de la España democrática.

“Una chispa. Un evento. Un hecho puntual. Da igual quien convoque, un grupo o varios. Esto es asambleario (sic). Puede ser por la construcción de un aparcamiento en el barrio de gamonal […] por la sentencia del procés, por el desahucio de una familia (sic), o por el encarcelamiento de su amigo (sic) Hásel […] Alguien prende la mecha y los movimientos de ultraizquierda se activan” “Un chispazo para intentar sembrar el caos”.

Las rotativas del País están que trinan y los editores de Prisa gastan tinta en criminalizar a la “ultraizquierda”. “Los dos extremos de la España ultra” canta el titular del artículo. Buen recurso para no caer en la aliteración de que los extremos se tocan. La democracia, dicen, se ve amenazada por el fascismo, pero ándate con ojo no vayamos a perder de vista a los antifascistas. Parece que en estos casos el proverbio árabe que advierte de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos no se aplica. Será porqué el dicho tiene su origen en los moros y no en los cristianos, o porque los enemigos de brazo en alto resultan no ser tan molestos como los del puño. Parece que los demócratas del País ya han elegido a su aliado.


“San Blas Canillejas en Lucha, Juventud Antifascistas de Hortaleza, Distrito 14 Moratalaz, D-104, Alkorkón Combativo […]” violentos estrategas de las luchas, expertos en la atomización y la militancia. Mozos de almacén militantes vinculados al independentismo. Este es el nivel esperpéntico del Grupo Prisa y el fondo de inversión Liberty Adquisition Holding. Están tan obcecados en la difusión de la democracia que se les pasa por alto disimular el hecho de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se dedica a investigar a movimientos asamblearios de tinte antifascista. Pongamos en duda – deben decirse al escribir el artículo – la palabra de un militante por ser un obrero asalariado. Demos veracidad – vuelven a decirse a sí mismos – a un Policía muy entendido en historia política que nos recuerda que “Las revoluciones no se preparan [sino que] surgen”. ¡Qué alguien le dé una catedra por favor! ¡O qué le detenga! pues sus planteamientos se asemejas sospechosamente a los del antropólogo anarquista James Scott.


El problema del progresismo mediático es sobradamente conocido. Aburrido incluso. Mientras la denuncia al sistema este contenida y constreñida en las líneas de sus sellos editoriales no hay problema. ¡Qué los intelectuales blasfemen! Que para eso se han ganado el estatus de legítimos opinadores. Otra historia se desarrolla y se cuenta – a la vista está – cuando los opinadores se encuentran a pie de calle y son mozos de almacén. ¡Preparen el auto de fe! Pues hay que juzgar a la bruja y al hereje. Qué pena que sea un fanzine y no un ensayo. Te habías expresado tan bien… Qué pena que seas un obrero y no un académico. Habías hablado de la explotación con tanto detalle…


La represión existe y el abuso policial también aunque sólo – y con suerte – exista en la vida privada de los libros y las portadas para dentro. En la vida pública, en cambio, los medios progresistas hablan de que lo que existe son despliegues amplios de la policía (sic). Vanagloriémonos como sociedad de desplegar a 1.000 agentes para reprimir – digo controlar – una manifestación. No rechistemos, pues con sus fallos y aciertos la democracia española se yergue como la panacea de la libertad.


No entraremos, por pereza, a desmentir está ultima afirmación. La realidad habla por si sola y ya dice mucho, demasiado incluso, que los manifestantes fuesen retenidos durante horas al lado de los puestos de libros de la cuesta de Moyano. Ojalá alguno de esos libros cuente entre sus líneas esta injusticia.