La pobreza energética como un instrumento de control sobre los cuerpos precarios.

La península ibérica atraviesa uno de los temporales de frio más intensos del siglo XXI. En este contexto climático en el que no pocas poblaciones se ven durmiendo bajo los 0 grados de temperatura, el precio de la luz y el gas se disparan.


Según denuncia FACUA, el precio de la luz se ha elevado, en los primeros días de 2021, hasta un 27%, suponiendo ello un impacto medio de 13€ en la factura de la luz. A si mismo, y en consecuencia, los precios del gas también han experimentado una subida del 22%.

La subida del precio de la luz en plena ola de frío responde (pese a lo que la derecha política y oportunista se obceque en decir) a un modelo social de mercado que permite especular y sacar redito del malestar de las personas. El mercado eléctrico, si bien regulado levemente en sus precios, se trata de un mercado privatizado desde su liberalización en 1997 por el gobierno neoliberal de Aznar, y por tanto, ajeno a las necesidades reales y profundamente cambiantes de las personas.


En un contexto temporal, en el que muchos hospitales están al borde del colapso debido a la COVID-19, una subida en el precio de la luz y el gas, podría provocar que muchas familias de clase obrera se visen en la tesitura de rebajar o suprimir totalmente las horas de calefacción, lo que podría suponer un aumento de las hipotermias, y otras afecciones derivadas de la pobreza energética, que colapsarían aún más un sistema sanitario que ya no da abasto.


No deja de ser paradójico, por otra parte, que el Partido Popular se levante como protector del derecho a la luz y a la calefacción, cuando, en primer lugar, fue su partido quien liberalizó el mercado eléctrico, y cuando, en segundo lugar, el gobierno del PP en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento lleva 3 meses estigmatizando y condenado a la hipotermia a más de 800 familias que residen en La Cañada (un barrio obrero de mayoria marroquí y gitana, situado a pocos kilómetros de la almendra central).


Mediante el estigma racial, la demagogia punitivita y criminalizadora de un falso salubrísimo antidroga a lo Reagan, y el abandono institucional; el Partido Popular, instrumentalizando a Naturgy, ha provocado (de momento) 40 intoxicaciones, no pocas hipotermias, y una muerte en la Cañada. El barrio, cansado de la situación, lleva 3 meses luchando. Las vecinas piden que las dejen poder pagar la luz.

La situación de opresión es tal que las luchas se ven obligadas a pedir pagar, por algo, que en sí mismo, debería ser un servicio totalmente gratuito. El neoliberalismo nos lleva a un contexto en el que todo es mercantilizable. En el neoliberalismo todo servicio y bien, por muy básico que sea, es susceptible de caer en manos de la especulación. La luz es un ejemplo más. La libertad que abandera el neoliberalismo hegemónico, no es otra cosa que la libertad de privilegio; la libertad de enriquecerse a costa de la salud y la vida de las personas.


Recordemos que las clases burguesas a las que pertenecen las elites políticas y empresariales, van a poder seguir pagando la luz. La pobreza energética es un instrumento de control sobre los cuerpos de las clases trabajadoras y así lo muestra la subida de la luz en plena ola de frio, el apagón criminalizador de la Cañada, o la situación de la prisión de Zuera (en la que llevan tres semanas sin calefacción). La pobreza energética obliga a las clases trabajadoras a enriquecer a las grandes compañías eléctricas, o a morir literalmente de frio. En definitiva, la pobreza energética, no es otra cosa que violencia, una violencia instrumentalizada por el capital para enriquecerse.